Las madres indígenas

Nantli, Nan, Nänä, Maa, Xnha’, Eyé, Tsi, Na’, Nändi, Quiiquet, Nianin, Netei, son algunos de los nombres con los que los nahuas, tseltales, otomíes, mixtecos, zapotecos, tarahumaras, totonacos, mayas, purépechas, seris, choles y wixarikas nombran a las mujeres que les dan vida y los enseñan a vivirla.

Las madres indígenas, al igual que las otras mujeres madre, al tiempo que alimentan a su hijos e hijas, les cuentan historias, les enseñan a caminar, a hablar, a cantar, a bailar, a honrar a los muertos, a conocer a la naturaleza y a relacionarse con los integrantes de su familia y su comunidad.

Muchos de estos aprendizajes cotidianos conforman el patrimonio cultural de los pueblos indígenas. Este patrimonio que ha sido heredado de nuestros antepasados o creados en el presente es lo que permite que un grupo de personas se reconozca a través de la música, la danza, los saberes, los productos y la lengua como un “nosotros” que ha de perpetuarse en las futuras generaciones.

Las manifestaciones culturales como la comida, la música, la danza, la artesanía, y en especial la lengua, tienen en las mujeres madre, a sus principales reproductoras, tanto es así que a la primera lengua que hablamos, le llamamos lengua materna y las formas de vestir, guisar y hacer que aprendemos en casa, son las que más añoramos cuando estamos lejos.

Las 68 lenguas indígenas de México y sus variantes son un patrimonio de México y el mundo. Tras ellas están las historias de las culturas que las produjeron, de sus formas de pensar y de encontrar soluciones.

Las mujeres madre, hablantes de alguna de las lenguas indígenas de México, tienen en promedio 3.25 hijos, algunas de ellas inician su vida como madres a muy temprana edad y hacen de la crianza el eje principal de su existencia. Su contribución a la reproducción de las lenguas y las culturas de sus pueblos generalmente pasa desapercibida, ya que ni al interior, ni al exterior de sus comunidades, se les reconoce como la base para la transmisión generacional de una forma de ver y entender el mundo.

También te puede interesar   Tanguyú, la diosa de barro

Las culturas indígenas de México y la cultura nacional, igual que muchas otras, han asociado la maternidad al espacio doméstico y lo han ubicado como un espacio secundario; de ahí que la carga del trabajo, de la pobreza y de la desigualdad haya sido siempre más pesada para las mujeres y en especial para las mujeres indígenas.

Hoy es un buen día para hacer un público reconocimiento al valor y al mérito de las madres indígenas, pues ellas en medio de grandes limitaciones han sido, en buena medida, las encargadas de recrear la vida cotidiana y los saberes y, con ello han permitido que se sigan viviendo y reviviendo las muchas identidades que enriquecen a nuestra nación.

Columna en El Sol de México

Acerca de 

Directora General de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) desde 2013, me defino como una mujer apasionada de la política y comprometida con mi país.

Soy egresada de la Licenciatura en Contaduría por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo y tengo una Especialidad en Impuestos por la misma universidad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *